lunes, enero 11, 2010

Reflexiones Aikidokas

El aikido y yo (por Patricio Pereyra)
Anton Chejov dijo que hay dos clases de hombres: los inteligentes y los que no. Los inteligentes buscan aprender; los que no, buscan enseñar. No sabemos bien qué, pero en el tatami uno siempre está aprendiendo algo. Predispuesto a prender. Es el único lugar que conozco en donde todos están tan dispuestos a admitir que no saben bien lo que hacen, y que están ahí para aprender. Siempre hay excepciones, uno o dos que buscan enseñar, pero son los menos –a diferencia de lo que ocurre fuera del tatami. Eso es para mí el Aikido: aquello que, no importa qué, siempre tiene algo nuevo par mostrar.Patricio, 29 años (recientes!!!!)

viernes, enero 08, 2010

Inicio de clases 2010

El inicio de clases del ciclo 2010 será el martes 2 de Febrero a las 20 Hs.

¡Los esperamos a todos para transitar juntos este nuevo camino de aprendizaje con energías renovadas!

domingo, diciembre 27, 2009

¡Felicidades!



Shōgatsu es nombre del año nuevo en Japón y la celebración más importante del calendario. En tiempos antiguos esta fecha coincidía con el calendario Chino, al inicio de la primavera; pero desde 1873 esta fecha fue ajustada al calendario gregoriano y por ende coincide con el 1 de enero.

Las celebraciones se realizan durante tres días en que sólo se hacen los trabajos más necesarios, y la gente dedica la mayor parte del tiempo a su familia. Se acostumbra jugar a juegos tradicionales y comer platos especialmente preparados para la celebración. También se organiza una profunda limpieza de las casas, que luego son decoradas con kadomatsu, pinos decorativos que representan la longevidad.

Tradicionalmente, el kadomatsu debe ponerse el 13 de diciembre porque después de esa fecha está prohibido ir a cortar pinos a las montañas. Este árbol decorativo se mantiene hasta el 15 de enero.

Durante la celebración se entregan los seibo, regalos elegidos para aquellas personas de quienes se recibió ayuda durante el transcurso del año, y el primero de enero se entregan todas las cartas de saludos de año nuevo que se guardaron en la oficina de correos para ser repartidas en un envío especial cada año.

Es también muy importante saldar las deudas antes de fin de año.

Unión La Plata Dojo quiere saludar a todos los integrantes del Dojo, a sus familias y amigos y desearles un próspero nuevo año, con energias renovadas para el 2010.

viernes, noviembre 13, 2009

Actividades hasta fin de año


Estas son las actividades del Dojo hasta el fin de año:

21 Noviembre


















5 Diciembre

Seminario


1ra Clase 7:00 hs
2da Clase 8:00 hs

Desayuno

3ra Clase 11 hs
4ta Clase 12:30 hs

Almuerzo

5ta Clase 15:30 hs
6ta Clase 17:00 hs

7ma Cierre del Seminario


19 DICIEMBRE


9:00 hs Examenes Kyu

13:30 a 16:00 hs Clase Cierre de Año

Cena Despedida (lugar a confirmar)

miércoles, noviembre 11, 2009

Suburi

Sensei Picciola suele decir que el aikido es un arte marcial tradicional y un estilo de vida. Para ejemplificarlo hace referencia al ukemi y que este es como la vida: te caes y te levantás, te caes y te levantás, te caes y te levantás. Yo comparto esta visión del aikido y de la vida y quisiera dar otro ejemplo, si cabe.
Cuando uno practica suburi tiene que prestar atención a infinitud de detalles (yo solo mencionaré los que conozco, luego podremos agregar otros): una postura correcta, la espalda derecha, la actitud hacia adelante, la pierna adelantada levemente flexionada, la vista al frente (al lugar donde estaría el oponente), el cuerpo relajado, las manos firmes; cuando se realiza el suburi, hay que levantar los brazos por sobre la cabeza, no agachar la cabeza, el sable llega hasta la espalda, y sale por el centro. El sable no debe caérsenos, nosotros guiamos el sable, no al revés. Luego, si uno practica con un compañero, la cosa es aún más compleja: deben igualarse las velocidades, el más lento tratar de alcanzar al más rápido, el más rápido acomodarse al más lento; la vista en el compañero, esto nos indicará cuando atacar. Si el ataque es avanzando, uno no debe hacerlo con mucho ímpetu (error que yo siempre cometo) sino solo lo justo y necesario para llegar hasta él: la punta del sable basta (adelantarse por demás equivale a clavarse uno mismo el sable del oponente). El ataque debe ser siempre por el centro. Si ambos atacan al unísono cortando por su centro, los sables debieran encontrarse en el mismo. Si doy tantos detalles -y otros tantos más podrían agregarse- es porque importa al punto que quiero marcar. Es frecuente en las prácticas conjuntas los siguientes errores (hablo desde mi experiencia): que uno busque el sable, no cortar el centro; que no haya armonía en los ataques, y estos estén a destiempo; que en una serie de diez ataques, hagas tres medianamente correctos y el resto rematadamente mal; como dije antes, si avanzas, te clavás el sable del oponente por atolondrado; que te automatices y no escuches las ordenanzas del sensei (juego que no por conocido deja de ser interesante, porque siempre pisamos el palito) que, aún sabiéndolo y aún intentándolo, no levantes los brazos y agaches la cabeza, o que el sable se te caiga, o salga ladeado, o corto, o con los brazos arremangados, o con… creo que se entiende el punto.
Ahora bien, hacer un suburi técnicamente correcto es muy difícil; hacerlo en conjunto con un compañero es aún más difícil. Hacer un suburi es muy complicado y aún si lo hacés bien, puede que tu compañero no. Si los dos lo hacen bien, los sables se encuentran en el centro. Si uno o los dos hace/n las cosas mal, puede que los sables se encuentren o no en el centro, pero el sabor de boca que te deja es distinto: uno sabe que se está haciendo las cosas mal. Mi punto es este: en la vida, como en el aikido, hacer las cosas bien conlleva una gran cantidad de esfuerzo; encontrar la forma correcta de hacer las cosas uno mismo es tarea de toda una vida, hacerlas en comunión con otras personas es tarea infinita: uno puede incluso hacer las cosas bien pero si tu compañero no te acompaña o hace las cosas “bien” de una forma distinta a la tuya, bueno…
Y a diferencia del aikido, en la vida no hay un sensei que nos diga como “vivir bien”. Como cantaba la negra Sosa, “no hay escuela que enseñe a vivir”.
Pero esto es solo una opinión.
Kanpai!

lunes, septiembre 21, 2009

El lenguaje infinito del aikido

Es sabido: 27 letras tiene el alfabeto que usamos, siete las notas músicales, unos 118 elementos químicos conocidos (naturales y artificiales), diez números tiene el sistema decimal… sin embargo, las combinaciones que de estos se pueden hacer son virtualmente infinitas. El cuerpo humano tiene 206 huesos y no sé cuantos músculos (no encontré el número en internet @_@) y no usamos la mayoría de ellos en la práctica de aikido. Es más, la estructura del cuerpo permite una gama limitada movimientos: uno no puede rotar ninguna articulación 360º sin que esta se rompa; no se puede hacer una y otra vez mal los ukemis porque te quedarías sin cuello y no se puede ignorar el dolor cuando una técnica entra muy bien porque te quedaría un muñon. Y sin embargo y a pesar de estas limitaciones estructurales lo asombroso del aikido es que las combinaciones de movimientos son tantas que uno nunca terminará de aprender todo lo que con el cuerpo se puede hacer. Recuerdo una de las primeras prácticas en las que participé y en la que él introdujo el concepto de Laboratorio: dijo que uno práctica regularmente las técnicas que los instructores imparten y que ahí, en esa clase, íbamos a experimentar algo nuevo. Así fue como a una técnica que usualmente practicamos con el pulgar hacia arriba, el nos pidió que hiciéramos lo mismo pero con el pulgar hacia abajo. El resultado, por lo menos de mi parte, fue muy frustrante dado era imposible hacerla de manera que se pareciera en algo al aikido. Y lo único que hizo (¡lo único que hizo!) fue cambiar la posición de la mano. Cómo si acentuara distinto una palabra cualquiera. El lenguaje del aikido nunca se acaba. Me repito, permítanme, voy a poner otro ejemplo. En luna clase se me explicó de donde nacía el hanmi que usamos y las diferentes versiones del mismo que se usan en otras escuelas; en una reciente práctica que tuve oportunidad de tomar en Bahía Blanca (mis agradecimientos al Aikikai Dojo Bahía Blanca 1 y a su instructor, Néstor Castro, por dejarme practicar con ellos) el Sensei utilizaba –o así me pareció- uno de estos hanmis. El mismo cuerpo humano, pero con un lenguaje de aikido completamente distinto. Las variantes que esto puede incorporar a la práctica son tantas que no puedo imaginarlas, tantas como cambiar la posición de la mano. Y sin embargo el mensaje era en esencia el mismo que imparte Sensei Picciola: práctica honesta, el hara hacia el oponente, pegado a él, la actitud ssiempre vigilante y alerta (zanjin) , el ataque un solo ataque, todo un solo movimiento, un solo impulso. Distinto lenguaje, mismo mensaje. Con sus distintas formas, creo, el aikido si es, es una sola y misma cosa.
Con esto solo quería decir que no importa cuánto vayas al dojo, cuantos vídeos veas y cuantos golpes recibas, nunca –y esto es una apreciación personal- terminarás de empezar a aprender a hablar el lenguaje del aikido. Brindo por ello.
¡Kanpai!

lunes, agosto 31, 2009

CLASE ABIERTA 2008 ARMAS y JIYU WAZA




Si presionan el boton que dice HQ van a ver HI QUALITY de AIKIDO.

PUBLICIDAD JEEP - AIKIDO




A mi me parecio buenisima. Aunque un toque soberbia.

domingo, agosto 30, 2009

Aikido, mi camino. Capítulo 1: Creciendo VI


Parte 6: Entro a la universidad y empiezo Aikido

De treinta y dos de mis compañeros de secundaria treinta se presentaron a exámenes de admisión para la universidad, sólo yo iba a trabajar. Ya habían decidido antes de la guerra que seguiría con el negocio de arroz de mi padre después de la escuela. Pero al ver lo que pasaba a mí alrededor empecé a preguntarme si estaba listo para dedicarme al trabajo y perdí interés. Yo sería el único que se separaría de sus amigos, pero al final, en mi último año, le pedí permiso a mi padre para que me dejara presentarme al examen aunque el estudio no era mi fuerte. El me dijo: “Esta bien. Tal vez te conviertas en un ronin (alguien que desaprobó el examen de admisión de la universidad y se presenta nuevamente al año siguiente). Presentate, pero ¿qué especialidad vas a elegir?” Estaba perdido porque no sabía mucho de eso. “¿Qué debería elegir? Padre, por favor pensá en algo…” Se llevó la mano a los ojos y después de un largo silencio, elevó su brazo y apunto al techo. “Esta es la era electrónica. Probá con electrónica”. Fue un momento de inspiración de mi padre.

De ahí en adelante me puse a estudiar con entusiasmo para los exámenes. A diferencia de mi hermano que estudio ciencia aplicada, a mi no me apasionaba ese campo. Las universidades entre las que estaba eligiendo eran Meiji y Nihon, me presente a las dos. Cuando fui a ver los resultados no vi ni mi nombre ni mi número de examen. “Será la tienda de arroz supongo”, eso pensaba mientras volvía deprimido a Kudanshita.

Una semana después de que me había resignado a seguir con el negocio de arroz llegaron cartas de las dos universidades que decían que fui incluido en la lista sustituta. ¿Por qué aprobé? No fue porque no me tenía confianza, sólo el 20% de los estudiantes de secundaria entraban a la universidad. El nivel de mi escuela y de otras escuelas en Tokyo era bastante alto comparado con el promedio nacional, así que seguramente me aceptaron por eso. Entré a la universidad Meiji que era más barata. Mi secundaria estaba en Akihabara y me tomaba treinta minutos llegar ahí a pie, pero Meiji estaba más cerca, sólo me tomaba quince minutos. Recuerdo que había muchos exámenes en los cursos de ciencias, y eran difíciles. (De todas maneras la era electrónica había llegado, justo como lo predijo mi padre – me saco el sombrero ante él). Pero lo más importante, cuando me convertí en un estudiante universitario también empecé mi práctica de Aikido.

Traducido por Nahuel Lombardi

lunes, agosto 24, 2009

Aikido, mi camino. Capítulo 1: Creciendo V

Parte 5: Empiezo Aikido

Después de la muerte de mi madre mis hermanos y yo nos tuvimos que cuidar mutuamente, ya que nuestro padre tuvo que trabajar muy duro para mandar a sus cinco hijos a la escuela. Decidí donde iría a la secundaria. Me presenté para el examen de admisión y aprobé. En 1952 entré en el curso ordinario de la secundaria Hitotsubashi. Mi madre había muerto y a mí siempre me comparaban con mis hermanos mayores. Nunca hacía nada que me destaque. Quería cambiar todo eso cuando entrara en la secundaria, ser alguien popular.

En la primaria me decía “Bulldog”. Si alguien me pedía que haga algo eso era todo lo que hacía. No me detenía por nada hasta que terminara. Mis amigos me decían “Mr. Bull” Una vez empecé a hacer algo y no lo dejé sin importar si era bueno o malo. Era una de mis debilidades. Así que decidí cambiar ese aspecto de mi personalidad.

En la secundaria Hitotsubashi los estudiantes de ambos cursos (ordinario y mecánica) se la pasaban discutiendo. Los estudiantes de cursos avanzados miraban a un estudiante de primero y lo llamaban para burlarse de él. Cuando me toco a mí sólo con un poco de judo derribé a unos cuantos. Después me lanzaron bastante fuerte por todo el salón, pero me recuperé. Después esperé al que me llamó en la puerta de la escuela y lo lancé también bastante fuerte. Él siguió viniendo por más. A la quinta vez estaba sorprendido por ser la primera vez que se revelaba un “esclavo”. Después, cada vez que me veía salía corriendo. Nunca me volvieron a molestar. Mr. Bull mostró sus colmillos. (NOTA: en el original en ingles dice “grit” = carácter firme)

Seguí practicando judo todo el año en el Kudokan y me gradué. En ese entonces no había una asociación nacional de judo bien desarrollada, así que los practicantes de las áreas locales tenían que venir a Tokyo a graduar en el Kudokan. Nosotros (los que practicábamos en el Kudokan) éramos sus uke (el que es lanzado para que el otro haga la técnica). Como era durante el examen, éramos uke de dos o tres compañeros seguidos. No éramos fácil de derribar, después de todo teníamos nuestro orgullo de nidan (segundo dan), así que los examinados tenían que esforzarse para derribarnos. Mis especialidades eran el ashibarai (barrer el pie) y koshinage (hacer pasar al oponente por encima de la cadera hasta el suelo). Mi contextura robusta salió de esa etapa de entrenamiento de judo. Había poca práctica con las rodillas, la mayoría del entrenamiento era tachiwaza (de pie). Los extranjeros también estaban practicando entonces.

Una o dos veces al año había competencias. Cuando estaba en tercero de la secundaria un compañero mío, aunque de otra clase, se hizo judoka olímpico. También participó en Meiji y yo practicaba con él. Kyuzo Mifune Sensei y otros fueron nuestros entrenadores. Eran figuras muy reconocidas en la historia del judo.

Por esa época me hice amigo del Dr. Danzaki. Su padre era Tomoaki Danzaki, la cabeza de la Federación de Iaido y antes había sido luchador de sumo. Había una historia famosa que decía que O’ Sensei, Morihei Ueshiba, había derribado al Ozeki (2do rango más alto en sumo) Tenryu. De ahí me enteré del Aikido Hombu Dojo. Un día, cuando era estudiante de tercero de secundaria, mi amigo me dijo: “Aikido es un arte marcial muy interesante, ¿querés ir a probar?” Yo no conocía el Aikido. ¿Qué clase de arte marcial era? Recuerdo que me interesó con solo escuchar el nombre. En ese momento había una gran popularización de la lucha deportiva y también había surgido Bruce Lee. En definitiva, los chicos estaban aprendiendo más que nada artes marciales duras.

Fui a visitar el Hombu Dojo en Shinjuku en el frío 1954. La gente que había perdido sus hogares en el bombardeo todavía estaba viviendo en el dojo, así que había un ambiente de uchideshi (alumnos que viven en el Dojo). Había olor a caballa orneada por todos lados.

Lo que nos atrajo definitivamente fue el joven y capacitado instructor, una escena de práctica de técnicas como nunca habíamos visto. Después me enteré que el instructor era Hiroshi Tada Sensei.

Cuando fuimos a ver me sentí perdido porque los movimientos comparables con judo eran muy diferentes. Fue interesante ver como lanzaban a alguien con una mano. Pude sentir las muchas variantes posibles cuando yo, que sólo conocía karate y judo, vi que podíamos tirar a alguien atacándolo de lejos y entrando y tomando su brazo haciendo movimientos circulares para lanzar. Comparados con los de hoy, los practicantes de aikido tendían a ser extraordinarios. No creo que mucha gente haya sabido del Aikido en esos días.

Naturalmente comparé judo con aikido. Pensaba cosas como “Ellos tiran personas una tras otra, en judo no podemos hacer eso… si alguien te toma el brazo haríamos algo diferente. ¿Cómo pueden derribar gente tan fácil?” Miré un rato sin decir nada y me fui a casa confundido. Tada Sensei me dijo: “¿Viste Aikido? Si te interesa vení (a practicar).”

Ni Danzaki ni yo dijimos nada, solo asentimos con la cabeza. Mi fascinación con esta nueva arte marcial creció y creció.

Traducido por Nahuel Lombardi